Escuela de fútbol "Los Niños".

El recorrido de la Escuela de Fútbol LOS NIÑOS está profundamente ligada a la vida, los valores y la pasión de quienes le dieron origen.

Cristian Ramón Morel, conocido por todos como “Chiqui”, tiene 41 años, es casado y padre de dos hijas. Trabaja como empleado en una empresa de la zona, en cada momento libre que le deja la rutina diaria, lo dedica a su gran pasión y al sueño que lo acompaña desde siempre: el fútbol. Ese amor por el deporte no es algo reciente; lo lleva en la sangre. Entre los años 2005 y 2010, junto a su padre, ya dirigía un grupo de chicos del barrio, sembrando desde entonces valores como el compromiso, la responsabilidad y el amor por el deporte.

A su lado camina Nerina Valeria Puzin, de 36 años, docente, compañera de vida y de proyectos. Casada con “Chiqui”, forma parte activa de este sueño familiar, acompañada también por sus hijas Sumy y Melina, quienes crecen siendo testigos y protagonistas de un camino construido con esfuerzo, trabajo y la firme convicción de que el deporte puede ser una herramienta de transformación social.

La Escuela de Fútbol LOS NIÑOS nació en junio de 2021, en un contexto muy especial: el tiempo posterior a la pandemia. Fue un momento en el que la necesidad de reencontrarnos, compartir y reconstruir lazos era más fuerte que nunca. En ese escenario, “Chiqui” y Nerina decidieron transformar una pasión en un proyecto social, con el objetivo de brindar a los chicos del barrio un espacio de contención, aprendizaje y crecimiento.

A partir del año 2026, la Escuela de Fútbol LOS NIÑOS pasa a integrarse institucionalmente a la FUNDACIÓN DEL BARBA, como obra dependiente de la Comisión de Deportes y Recreación, manteniendo su espíritu original, su identidad comunitaria y el trabajo iniciado por sus fundadores, ahora fortalecido por el acompañamiento institucional de la Fundación.

Los primeros pasos fueron modestos pero firmes: comenzaron con apenas 17 niños. Con el paso del tiempo, gracias al compromiso constante, al trabajo diario y al acompañamiento de las familias y de la comunidad, el proyecto fue creciendo de manera sostenida. Hoy, más de 70 niños y adolescentes forman parte activa de la escuela. Este crecimiento no solo refleja el interés por el fútbol, sino también la confianza depositada en un proyecto que pone a las personas y a los valores humanos en el centro.

En LOS NIÑOS se desarrolla una labor social fundamental, enfocada en la contención, la inclusión y la recuperación de valores esenciales como el respeto, la solidaridad, el compañerismo y la responsabilidad. A través del fútbol no solo se enseña una práctica deportiva, sino también todo lo que la disciplina implica en la formación personal y colectiva de niños y adolescentes.

Las actividades se realizan de lunes a jueves, de 18 a 21 horas, en el barrio Kolping, sobre Avenida Uruguay y calle Costa Rica. Se trata de un espacio que, con mucho esfuerzo y dedicación, ha sido acondicionado a lo largo de los años para que sea seguro y adecuado para los chicos. Si bien aún no se cuenta con baños, vestuarios ni con una instalación cerrada que permita desarrollar actividades bajo techo, el compromiso y las ganas de crecer siempre han sido más fuertes que cualquier dificultad.

Hoy, LOS NIÑOS es mucho más que una escuela de fútbol: es un lugar de encuentro, aprendizaje y contención, donde el deporte se convierte en una herramienta para construir valores, oportunidades y futuro.

Actualmente, la institución se encuentra trabajando y luchando por mejorar las condiciones de la cancha, con el objetivo de concretar la construcción de baños, vestuarios y un espacio adecuado que permita realizar actividades incluso en los días de lluvia, fortaleciendo así el crecimiento y la proyección de la escuela.

Experiencias vividas

A lo largo de estos años, en la Escuela de Fútbol LOS NIÑOS se han vivido innumerables experiencias que permitieron crecer y fortalecerse como grupo y como familia. El paso de 17 a más de 70 chicos no significó solo un aumento en números, sino también en historias, aprendizajes y lazos construidos día a día.

Un momento clave en este camino fue la inclusión de las niñas, que marcó un antes y un después en la institución. Chicas valientes que se animaron a formar parte de este deporte y se transformaron en piezas fundamentales del equipo, consolidando con orgullo un equipo mixto fuerte dentro de la ciudad.

Las vivencias compartidas van mucho más allá de la cancha: caminatas interminables bajo las heladas del invierno o el sol intenso del verano, atravesando distintos barrios, muchos de ellos desconocidos para varios de los chicos. Caminatas donde el cansancio se hacía sentir, pero donde también brillaban las sonrisas y la felicidad, ya sea por un partido jugado o simplemente por vivir experiencias diferentes a las de su rutina diaria.

Con el crecimiento del proyecto, no solo se sumaron más chicos, sino también padres y madres, quienes aportaron su granito de arena de múltiples formas. Muchos se convirtieron en verdaderos “remiseros solidarios”, llevando a cada niño de regreso a su barrio o hasta la puerta de su casa. Otros se transformaron en la hinchada perfecta, alentando a todos los jugadores sin importar si eran o no sus propios hijos, demostrando que el sentido de pertenencia iba mucho más allá.

Así, con el correr de los meses, esta gran familia fue creciendo y fortaleciéndose, donde cada integrante ocupa y sigue ocupando un lugar importante. Cada actividad sumó un lazo más a esta unión: domingos de competencias de reviros, chipas compartidas al costado de la cancha, partidos de padres contra hijos, noches de pizzas surgidas espontáneamente, amistades que nacieron dentro y fuera de la cancha y que fueron claves en la vida de muchos chicos. También surgió la idea de realizar un campamento con todos los niños, una experiencia completamente nueva, donde se pusieron en juego habilidades, capacidades y aprendizajes colectivos y como dejar de mencionar las despedidas de fin de año que se convirtieron en momentos tan esperados como emocionantes, instancias en las que se mira hacia atrás y se comprende que LOS NIÑOS no solo forma jugadores, sino también personas, recuerdos y vínculos que perduran en el tiempo.

Cada una de estas actividades fueron posible gracias al compromiso y la colaboración de las familias, y al apoyo de personas y entidades que confiaron en el trabajo realizado, aportando desde lo que tenían a su alcance. Todo ello permitió que los chicos pudieran participar sin que los gastos se convirtieran en un obstáculo, reafirmando el verdadero espíritu solidario y comunitario que identifica a la Escuela de Fútbol LOS NIÑOS.