Te contamos cuales son nuestros propósitos, nuestro proyección y los principios éticos que nos sostienen.

Misión
La misión de la Fundación del Barba es promover la dignidad de cada persona y el bien común de todos, con especial atención a quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad, exclusión, abandono o sufrimiento.
Lo hacemos mediante acciones concretas —educativas, sociales, sanitarias, terapéuticas, culturales, espirituales, recreativas y ambientales— que buscan no solo aliviar necesidades, sino también reparar vínculos, fortalecer comunidades, defender derechos, despertar talentos y sembrar esperanza.
Nos sentimos llamados a estar donde más se necesita una presencia fraterna: acompañar al enfermo, abrazar al solitario, sostener al que cae, escuchar al que nadie oye, poner el hombro donde la carga pesa.
Servimos desde una espiritualidad del encuentro y desde una ética del cuidado. Lo hacemos sin distinciones ni condiciones, con la certeza de que cada vida merece ser mirada con amor y cada herida, atendida con respeto.
Visión
Nuestra visión es la de una sociedad donde la dignidad no dependa del lugar donde naciste, de lo que tenés, de a quién conocés o de cómo pensás.
Soñamos con comunidades fraternas, activas y conscientes, donde las personas no sean vistas como problemas, sino como portadoras de sentido, de historia, de valor, de capacidad.
Queremos contribuir a una cultura del encuentro y del cuidado, donde lo espiritual y lo humano caminen juntos; donde el desarrollo no sea solo económico, sino también humano y comunitario; donde el amor al prójimo no sea poesía, sino política, presencia, proyecto.
No aspiramos a cambiar el mundo entero, pero sí a transformar profundamente los pequeños mundos que tocamos con cada acción, cada proyecto, cada abrazo y cada gesto.
Nuestra visión es simple y desafiante:
que ningún dolor quede solo, que ningún sueño quede roto, que ninguna persona quede afuera.
Valores
Nuestros valores no son solo declaraciones: son la raíz, el motor y el norte de todo lo que hacemos.
1. Dignidad humana
Creemos que toda persona tiene un valor único e innegociable, por el solo hecho de ser persona. No ayudamos “a los que valen”: ayudamos porque todos valen.
2. Justicia social
Buscamos eliminar las causas estructurales de la pobreza, la exclusión y la desigualdad. No hacemos solo asistencia: queremos promover equidad, derechos y oportunidades reales.
3. Solidaridad activa
La solidaridad no es una emoción, es una decisión. Ponemos el cuerpo, no solo la palabra.
4. Participación comunitaria
Trabajamos con y desde las comunidades. Respetamos saberes, costumbres y tiempos. Nadie se salva solo, pero nadie es salvado sin su protagonismo.
5. Cuidado integral
No se trata solo de resolver necesidades materiales: cuidamos cuerpo, mente, alma, vínculos y territorio.
6. Fe encarnada
Nuestra inspiración espiritual se traduce en obras concretas. No predicamos con discursos, sino con manos tendidas, oídos atentos y pasos decididos.
7. Transparencia
La confianza se gana. Por eso gestionamos con criterios éticos, rendimos cuentas públicamente y cuidamos cada donación como si fuera un acto sagrado.
8. Diversidad y respeto
No importa tu credo, tu historia, tu identidad o tu pensamiento político: todas las personas caben en esta mesa.
9. Esperanza lúcida
No negamos el dolor del mundo, pero tampoco nos resignamos. Creemos en la esperanza que nace de la acción, de la comunidad y de la fe.
10. Amor concreto
No creemos en amores abstractos. Nuestro amor se llama abrazo, se llama locro compartido, se llama medicación entregada, se llama tarde de juegos, se llama estar.
11. Voluntariado como forma de ciudadanía activa
Creemos en el poder transformador de las personas comunes que deciden involucrarse. El voluntariado no es un pasatiempo: es un compromiso con la vida del otro, una forma de ejercer ciudadanía con el corazón y con las manos.
12. Diplomacia ciudadana y redes de cooperación
Promovemos el diálogo, la articulación y la cooperación entre sectores diversos. Apostamos a tejer puentes entre comunidades, organizaciones, instituciones y culturas, dentro y fuera del país, porque el bien común es una causa global que empieza en lo local.